Rivereños se despiden de la “Pulpeada”.

Progreso, Yucatán a 04 de diciembre. Poco a poco pescadores rivereños comienzan el abandono de las artes de pesca del pulpo, para dedicarse a diversas especies de escama, debido a que el molusco ya ha comenzado el periodo de anidación.

De acuerdo con pescadores rivereños, la “pulpeada” podría considerarse básicamente cerrada a poco menos de dos semanas de su conclusión oficial, debido a que las condiciones del clima y la propia naturaleza de la especie, difícilmente permitirán que el molusco pueda seguir siendo explotado por las técnicas locales de captura, ya que según explicaron los ejemplares del octópodo ya han comenzado los procesos de anidación en las cuevas submarinas y en los siguientes meses ya no saldrán ni a comer a fin de cuidar a las crías.

De esta manera una cada vez más grandes cantidad de embarcaciones irán poco a poco deshaciéndose de la denominadas “Jimbas” e hilos pulperos, para cambiarlos nuevamente por líneas de pesca de especies de escama, las cuales no se limitan solamente a la captura de mero, sino que incluiría a especies alternativas.

Los pescadores señalaron que si bien la temporada del mero aún continua hasta el 1 de febrero, la realidad es que como el pulpo, la pesca de esta especie de escama se encuentra en malas condiciones, principalmente debido a los problemas de sobre explotación que ha vivido por años, por lo que ahora el sector debe concentrar sus esfuerzos en recurrir a otros tipo de especies de escama, para poder subsistir y mantener la actividad.

De esta manera una de las opciones que han surgido con esta situación ha sido la pesca del Róbalo, cuyo mecanismo se basa en la pesca principalmente nocturna, pero que actualmente tiene un precio estable entre los $120 y los $150 pesos por kilogramo.

Ante esta situación pescadores de la zona del malecón internacional del puerto, señalaron que actualmente la pesca de escama como el Róbalo, resulta más productiva que la del mero, sin embargo, señalaron que las especies alternativas como esta y otras más, presentes en las costas del estado, no son tan valoradas, lo que genera que su precio sea bajo y por tanto, no merezca la pena salir por ellas; lo que limita la actividad y ejerce mucha presión sobre las especies de alto valor comercial cuyas poblaciones se ven mermadas de forma intensa, tal como le ha pasado al mero rojo.

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