Renovación incansable

Progreso, Yucatán a 01 de agosto. Hay lugares que para todos nosotros  conllevan un algo muy especial en los sentimientos. Así pues para cierto sitio o con ciertas personas con quienes se ha vivido cosas especiales, ya sean inesperadas o  planeadas, cada suceso ya sea bello o calamitoso se vuelve parte de uno mismo de por vida.

Las experiencias que acumulamos son siempre y para cada persona muy variadas,  su importancia no está en la rareza sino que radica en saberlas valorar,  comprendiendo que toda experiencia nos debe enseñar algo y  servir para convertirnos en mejores personas.

 

Pocas son los experiencias que desatan el grado de sentimientos en un hombre como el suceso tan sublime del  día en que se conoce la Mar, y  toma uno consciencia de ello. La Mar o “el Mar”, como ya más comúnmente le llamamos, es ese vasto horizonte interminable de belleza que cautiva, y al cual la mirada humano no logra abarcar a plenitud,  por más alto que quiera uno subirse a un mástil, a un faro o  incluso a un avión……. hágase lo que se haga nada más no  hay manera de poseerlo. La Mar  emana una fuerza de atracción propia a todo  aquello que es incontenible para el humano.

Como el niño que es llevado a un pasadía de playa y se asombra con la arena, con las aguas y las interminables olas, igual sucede a los jóvenes y adultos que al pisar nuevamente las playas o dar una vuelta en bote  o atrapar un pescado palpan la magia del suceso cual si siempre se repitiese esa primera vez con una  interminable renovación.

Quienes  tienen la dicha de nacer en algún puerto tampoco son inmunes a esta bella atracción. Nada es más lejano que ello. Incluso, tampoco se exentan quienes a diario lo navegan buscando en La Mar el necesario sustento humano: también en ellos con los  cambios del clima se viven novedades, nunca  es igual una bonanza que un fuerte temporal y jamás son idénticos a sí mismos esos fenómenos y la sensación que nos producen. La fuerza viva del mar acarrea rencuentros de vivir lo ya vivido de manera diferente,  con un  ímpetu que cala en el alma  y deja una estela de novedad atemporal.

La Mar raramente causa indiferencia.

A la Mar se le ama o se le teme, pero siempre se le respeta.

 

*Estas líneas de publicación eventual pretende resaltar la belleza de nuestras costas yucatecas.

Comentarios o aclaraciones   yucatanpeon@gmail.com

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