El litoral de la Península de Yucatán.

Mérida, Yucatán a 23 de septiembre. Dentro de las bellezas naturales que tanto abundan en nuestra Península de Yucatán se cuenta con islas, islotes, atolones y barras costeras, haremos un recuento de estos bellos lugares indicando sus diferencias y algunas peculiaridades.

Por mencionar las características más abundantes, más no limitativas, encontramos que de oriente a poniente  en nuestra Península los litorales del Mar Caribe se componen de tierra sólida que mayoritariamente colinda con playas de arena o roca firme, las costas de Yucatán en su mayoría son una delgada barra de duna costera que funge como barrera con el mar con trasfondo de humedales y en  de Campeche las ciénegas colindan con kilómetros de litoral de mangle con pequeños y abundantes esteros dotados de  algunas playas de arena y la gran laguna de Términos.

Comenzando con el río Hondo que desemboca en la ciudad de Chetumal se abre la bahia del mismo nombre y al Este de frente al mar Caribe el poblado de Xcalak de donde las blancas playas de arena van a Mahaual y mar adentro el arrecife Chinchorro, continua el litoral hasta Punta Herrero, la Bahia del Espíritu Santo, los islotes de Punta  Pájaros, la bahía de la Ascención, Punta Allen con playas bellas y agrestes que continuan hasta Boca Paila y Tulum y de ahí hacia el norte por el hoy corredor turístico de la Rivera Maya, en frente la isla de Cozumel que fuera presidio y sitio de destierro siglos atrás, luego  pasamos por  Cancún y su  bahía de Mujeres con la isla homónima, sigue isla de Contoy con sus agregaciones de mantarrayas y la migración de las langostas, la laguna de Chacmulchuch y las barras de arena con cuatro pasos que separan el mar de la costa cercana a  Cabo Catoche hasta llegar a la isla de Holbox, la laguna de Coñil donde los delfines hembra entran a dar a parir, y la poco mencionada Punta Caracol con el paso de Chipepté y a partir de ahí predonima el litoral con barras de arena,  El Cuyo, el pueblo salinero de Las Coloradas y los puertos  pesqueros de Río Lagartos y San Felipe que comparten un estero somero, de ahí la isla artificial maya “el Cerrito” y luego el faro de Yalkubul todo infestado de culebras y con vestigios notorios de erosión marina, las legendarias bocas de Dzilam, la boca de “el cerrito” (no confundir con el islote maya), el legendario puerto extiburonero de Dzilam de Bravo donde los cheles no son rareza y sí muestra de un pasado genético, la bodega antigua henequenera de Mina de Oro, Santa Clara el cuasi puerto fantasma fuera de épocas de verano, Chabihau, Telchac con sus dulces de coco, la laguna Rosa, Uaymitún que más existe por nombre antiguo que por mérito propio, Chicuxulub, el internacional puerto de Progreso con su colosal muelle, mar adentro el arrecife de Los Alacranes con sus cinco islotes, sobre la costa  Chelem, Chuburná, la bocana de la Carbonera….las playas de arena continúan bellísimas…Sisal con sus humedales para cacería de patos, punta El Palmar con el faro más alto de la península que se yergue soberbio en su solitud, y luego Celestún, donde se abre la bocana de su Ría,  después  Isla Arenas donde el paladar gastronómico cambia para bien y en donde ya la costa es primordialmente mangle con pequeñas isletas en las bahía de sus muchos esteros como Huaymil y la isla cementerio maya de Jaina, mar adentro las islas arrecifales de Cayo Arenas, Cayo Arcas y Cayo Triángulos,  en la costa se encuentra uno con la bella fortificada Ciudad de las Murallas (Ciudad de Campeche), a partir de ahí el paisaje da un imponente cambio y muestra la belleza de los montes lindando con el mar, Seybaplaya con su cueva que oculta tesoros piratas según leyenda del lugar, Sihoplaya y Haltunchén, la colina baja de nuevo y continuamos a ras de mar para llegar a Champotón con su bahía de la mala pelea y su Ría que se adentra varios kilómetros tierra adentro, las costas de arena hasta el acceso a Sabancuy, Isla Aguada donde empieza la Laguna de Términos, Isla del Carmen que siglos atrás fuera otra  isla presidio y al cruzar a tierra firme se termina con el puerto de Atasta con playas lavadas por los efluvios de las vaciantes de la laguna.

Cada sitio posee sus distintivos propios de flora y fauna, riquezas naturales que los hacen únicos y sobre todo el calor humano costeño que solo el salitre del mar puede dar.

Por Pedro M. Peón Roche *Miembro del Círculo Cultural Yucateco (yucatanpeon@gmail.com)

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